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Ene 25

CAPITULO 1. LA HISTORIA DE BILL

1.La fiebre de la guerra era alta en el pueblecito de Nueva Inglaterra, al que fuimos destinados los jovenes oficiales de Plattsburg. Nos sentimos muy halagados cuando los primero ciudadanos nos llevaban a sus casas y nos trataban como heroes. Alli estaban el amor, los aplausos y la guerra : momentos sublimes con intervalos de jubilo. Por fin, estaba yo viviendo la vida y en medio de esa conmocion, descubri el licor. Al descubrirlo, olvide las serias advertencias y los prejuicios de mi familia respecto a la bebda. Llego el momento en que nos embarcamos para Europa; entonces me senti muy solo y nuevamente recurri al alcohol.

 

 

 

2.Desembarcamos en Inglaterra. Visite la Catedral de Winchester; muy conmovido me dedique a pasear por sus exteriores, y llamo mi atencion una vieja lapida en la que lei esta inscripcion:

Aqui yace un granadero de Hampshire

quien encontro su muerte

bebiendo cerveza fria.

Un buen soldado nunca es olvidado

sea que muera por mosquete

o por jarra de cerveza.

 

 

3.Amenazadora advertencia a la que no hize caso.

 

4.Veterano de guerra en el extranjero a la edad de veintidos años, regrese a mi hogar. Me imaginaba ser un lider, porque ¿ No era cierto que los hombres de mi bateria me habian dado una muestra de su especial estimacion? Yo imaginaba que por mi talento para el liderazgo, llegaria a estar al frente de importantes empresas que manejaria con sumo aplomo.

 

 

5. Segui un curso nocturno de leyes y obtuve un empleo como investigador en una compañia de seguros. Habia emprendido el camino para el logro del triunfo, y le demostraria al mundo lo importante que yo era. Mi trabajo me llevaba a Wall Street y poco a poco empece a interesarme en el mercado de valores, en el que muchos perdian dinero pero algunos se hacian muy ricos. ¿Por que no habia de ser yo uno de estos afortunados? Estudie economia y comercio a la vez que leyes. Como alcoholico potencial que era, estuve a punto de ser suspendido en leyes; en uno de los examenes finales estaba demasiado borracho como para pensar o escribir. Aunque mi manera de beber todavia no era continua, preocupaba a mi esposa; teniamos largas conversaciones al respecto, en las que yo desvanecia sus temores argumentando que los hombres geniales concebian mejor sus proyectos cuando estaban borrachos; y que las majestuosas concepciones de la filosofia habian sido originadas asi.

 

6.Cuando termine el curso de leyes comprendi que esa profesion no era para mi. El atrayente torbellino de Wall Street me tenia en sus garras. Los lideres en los negocios y en las finanzas eran mis heroes. De esta aleacion de la bebida y la especulacion, comence a forjar el arma que un dia se convertiria en bumeran y casi me haria pedazos. Viviendo modestamente, mi esposa y yo ahorramos mil dolares, que invertimos en unos valores que entonces estaban a un precio bajo y que no eran muy populares; acertadamente pense que algun dia tendrian una considerable alza. No pude convencer a mis amigos- corredores de bolsa- a que me enviaran en una gira para visitar fabricar y otros negocios, pero sin embargo, mi esposa y yo decidimos hacerla. Desarrolle la teoria de que la mayoria de la gente perdia dinero con los valores debido a una falta de conocimiento de los mercados. Despues descubri muchos otros motivos.

 

 

 

7. Renunciamos a nuestros empleos y emprendimos la marcha en una motocicleta cuyo carro lateral abarrotamos con una tienda de campaña, cobertores, una muda de ropa y tres enormes libros de consulta para asuntos financieros. Nuestros amigos pensaron que debia nombrarse una comision para investigar nuestra locura. Tal vez tenian razon. Habia tenido algunos exitos con la especulacion y por ello teniamos algun dinero, aunque una vez tuvimos que trabajar en una granja para no tocar nuestro pequeño capital. Este fue el unico trabajo manual honrado que hice en mucho tiempo. En un año recorrimos toda la parte este de los Estados Unidos. Al finalizar el año, mis informes a Wall Street me valieron un puesto alli con una cuenta muy liberal para mis gastos. Una operacion de bolsa nos dejo un beneficio de varios miles de dolares ese año.

 

 

8. Durante unos cuantos años mas, la fortuna me deparo aplausos. Habia triunfado. Mis ideas y mi criterio eran seguidos por muchos al son de las ganancias en papel. La gran bonanza de los ultimos años veinte estaba en plena ebullicion y expansion. La bebida estaba ocupando un importante lugar en mi vida, y en la euforia que tenia. Se hablaba a gritos en los centros de “jazz” de Manhattan. Todos gastaban miles y hablaban de millones. Podian burlarse los que quisieran. ‘¡Al diablo con ellos! Tuve entonces amplias relaciones con amigos de ocasion.

 

9.Mi manera de beber asumio proporciones mas serias, pues bebia todos los dias y casi todas las noches. Las advertencias de mis amigos terminaban en pleito y me converti en un lobo solitario. Hubo muchas escenas desagradables en nuestro suntuoso apartamento. De hecho no hubo infidelidad de mi parte porque el serle fiel a mi esposa y el emborracharme evitaba totalmente que me enredara en esos lios.

 

10.En 1929 contraje la fiebre del golf. Inmediatamente nos fuimos al campo, mi esposa a aplaudirme y yo a superar a Walter Hagen. Pero el licor me gano antes de que pudiera alcanzar a Walter. Empece a estar tembloroso por las mañanas. El golf me permitia beber todos los dias y todas las noches. Me causaba satisfaccion pasear por el exclusivo campo de golf que tanto admiraba de muchacho, luciendo la impecable tez tostada que suelen tener los caballeros acomodados. El banquero local observaba con divertido escepticismo el movimiento de cheques grandes.

 

 

 

11. En octubre de 1929 se derrumbo repentinamente el mercado de valores de Nueva York. Despues de uno de esos dias infernales, me fui tambaleando del bar de un hotel a la oficina de un corredor de bolsa. Eran las ocho, cinco horas despues del cierre de esta. El indicador de cotizaciones todavia matraqueaba; azorado, vi una pulgada de la cintilla con la inscripcion XYZ-32. En la mañana estaba a 52. Estaba arruinado y muchos de mis amigos tambien. Los periodicos daban las noticias de individuos que saltaban de las distintas torres de Wall Street. Eso me repugno. Yo no saltaria. Regrese al bar. Mis amigos habian perdido varios millones. ¿De que me preocupaba yo? Mañana seria otro dia. Mientras bebia, la antigua y fiera determinacion de triunfar se apodero de mi nuevamente.

 

 

12. A la mañana siguiente telefonee a un amigo de Montreal. Le quedaba bastante dinero y creia que era mejor que yo fuera al Canada. Por la primavera estabamos viviendo en la forma a que nos habiamos acostumbrado. Me sentia como Napoleon regresando de Elba.¡ Para mi no habria Santa Elena! Pero la bebida me gano la partida otra vez, y mi generoso amigo tuvo que dejarme marchar. Esta vez estabamos arruinados.

 

 

13.Nos fuimos a vivir con los padres de mi esposa. Encontre trabajo, y lo perdi luego por causa de un lio con un chofer de taxi. Gracias a Dios, nadie sospecharia que no iba a tener un empleo real en cinco años, ni estar sobrio casi un solo momento. Mi esposa empezo a trabajar en una tienda, llegando agotada a casa para encontrarme borracho. En los circulos de la bolsa se llego a considerarme como un allegado indeseable.

 

 

14.El licor dejo de ser un lujo; se convirtio en una necesidad. Mi dosis cotidiana era de dos o tres botellas de ginebra de fabricacion casera. En ocasiones, alguna pequeña operacion me dejaba unos cuantos dolares con los que pagaba mis deudas en barras y tiendas de licores. Esta situacion se prolongaba indefinidamente y empece a despertar tremendamente tembloroso; necesitaba beberme una copa de ginebra seguida de media docena de botellas de cerveza para poder desayunar. A pesar de esto, aun creia que podia controlar la situacion y tenia periodos de sobriedad que hacian renacer las esperanzas de mi esposa.

 

15. Paulatinamente, las cosas empeoraban. Tomo posesion de la casa el hipotecario; murio mi suegra, mi esposa y mi suegro enfermaron.

 

 

16. En esos dias se me presento la oportunidad de un negocio prometedor. Las acciones estaban en un punto bajo en 1932 y, en alguna forma, yo habia integrado un grupo de compradores. Mi participacion en las utilidades seria ventajosa; pero entonces emprendi una borrachera tremenda y esa oportunidad se esfumo.

 

 

 

17. Desperte. Eso no podia seguir; me di cuenta de que no podia tomar ni una copa. Dejaria de beber para siempre. Anteriormente habia hecho muchas promesas, pero esta vez habia seriedad en mi actitud; mi esposa asi lo creia y yo tambien.

 

 

18.Poco despues llegue borracho a la casa; no habia hecho ningun esfuerzo para evitarlo. ¿Donde estaba mi firme resolucion? Sencillamente no lo sabia. Alguien me habia puesto una copa enfrente y la tome. ¿Estaba yo loco? Empece a pensarlo, porque tamaña falta de perspectiva parecia acercarse a la locura.

 

 

 

 

19. Renovando mi resolucion, hice otra prueba. Paso algun tiempo y la confiana empezo a ser reemplazada por el engreimiento. ¡Podia reirme de la ginebra! Tenia lo que era necesario. Un dia entre a un cafe para usar el telefono. En menos que canta un gallo estaba golpeando el mostrador de la barra y preguntandome como habia sucedido. Mientras el whisky se me subia a la cabeza, me decia que la proxima vez lo haria mejor pero que, por lo pronto, lo sensato era emborracharme bien, y asi lo hice.

 

 

20. El remordimiento, el terror y la desesperacion de la mañana siguiente son inolvidables. No tenia suficiente valor para luchar. Mis pensamientos volaban descontrolados y me atormentaba el terrible presentimiento de una calamidad. Casi no me atrevia a cruzar la calle por miedo a que me atropellara algun camion. Apenas comenzo a amanecer, entre a un lugar que permanecia abierto dia y noche y ahi me sirvieron una docena de vasos de cerveza que calmo mis atormentados nervios. En un periodico lei que el mercado de valores se habia derrumbado de nuevo. Bueno ¡ pues yo tambien! El mercado podia recuperarse, pero yo no. Resultaba duro pensarlo. ¿Debia suicidarme? ¡No! Ahora no. Entonces me envolvio una densa niebla mental. Con ginebra se arreglaria todo. Por lo pronto, dos botellas y a olvidar.

 

 

 

21. La mente y el cuerpo son mecanismos maravillosos, ya que los mios soportaron esta agonia mas de dos años. Cuando el terror y la locura se apoderaban de mi por la mañana, habia veces que robaba a mi esposa el poco dinero que tenia en su bolso; otras veces me asomaba a a ventana y sentia vertigo, o me paraba vacilante frente al botiquin del baño – en el que sabia que habia veneno- y me decia que yo era un debil. Mi mujer y yo ibamos de la ciudad al campo y del campo a la ciudad, tratando de escapar. Luego hubo una noche infernal en que crei que iba a saltar por la ventana. Como pude, lleve el colchon al piso de abajo para no saltar al vacio. Fue a verme un medico y me receto un fuerte sedante; al dia siguiente estaba tomando el sedante, y la ginebra. Esta combinacion pronto me causo un descalabro. Temian que enloqueciera, yo tambien. Comia poco o nada porque no podia hacerlo, y mi peso llego a ser cuarenta libras menos del normal.

 

 

 

22. Mi cuñado es medico y gracias a el y a mi madre, se me interno en un hospital para la rehabilitacion fisica y mental de alcoholicos, conocido nacionalmente. Bajo el tratamiento de belladona se aclaro mi cerebro; la hidroterapia y los ejercicios ligeros ayudaron mucho. Lo mejor de todo fue que conoci a un medico que me explico mi caso diciendome que aunque yo habia actuado egoistamente, tambien era cierto que estaba gravemente enfermo fisica y mentalmente.

 

 

23. Me produjo cierto alivio enterarme de que la voluntad del alcoholico se debilita sorprendentemente cuando se trata de combatir el licor, aunque en otros aspectos pueda seguir siendo fuerte. Estaba explicado mi proceder ante un deseo vehemente de dejar de beber. Comprendiendome ahora, me senti alentado por nuevas esperanzas. Durante tres meses las cosas marcharon bien. Iba a la ciudad con regularidad y hasta ganaba algun dinerito. Seguramente en eso estaba la solucion; conocerse a si mismo.

 

 

24. Pero no lo estaba, porque llego el dia temible en que volvi a beber. La trayectoria de mi decaimiento fisico y moral descendio como la curva que describe el esquiador en un salto de altura. Despues de algun tiempo regrese al hospital. Me parecia que aquello era el fin, la caida del telon. Mi esposa, fatigada y desesperada, recibio el informe de que en un año todo acabaria con una falla del corazon, delirium tremens o tal vez un reblandecimiento cerebral. Pronto tendrian que llevarme a un manicomio o a una funeraria.

 

25. No tenian que decirmelo. Lo sabia y casi acogia con regocijo la idea

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