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Nov 18

EL TEXTO BASICO DE AA CUMPLE 70 AÑOS

Sabias que…

 ❏ El ‘texto básico’ de A.A. cumple 70 años

Era el año 1939. Hedy Lamarr, Rita Hayworth, Lana Turner y Greta Garbo eran las chicas de calendario predilectas del país. Las más citadas frases de las películas más populares eran: “No hay lugar como tu propio hogar” y, “Para decir verdad, querida, no me importa nada”, la primera de “El mago de Oz”, la segunda de “Lo que el viento se llevó”, que ganó el premio Oscar. Alemania invadió Polonia, así marcando el comienzo oficial de la Segunda Guerra Mundial. La Feria Mundial abrió en la ciudad de Nueva York con el lema de “Construir para el mundo de mañana” y se enterró una cápsula del tiempo que no se va a abrir hasta el año 6939.
Robert May, un empleado de Montgomery Ward, creó la historia de “Rodolfo, el reno de la nariz roja” como un ardid publicitario para Navidad. Batman debutó en las historietas, y se publicó Las uvas de la ira de John Steinbeck. Y los Yankees ganaron la Serie Mundial de béisbol.
Pero al parecer de un grupo afanoso de unos 100 alcohólicos que, contra viento y marea, se estaban esforzando por mantener su sobriedad, el acontecimiento más importante del año 1939, para ellos mismos y los incontables alcohólicos por venir, fue la publicación de Alcohólicos Anónimos , el libro al que se puso como título el nombre de la sociedad de borrachos en recuperación que representaba.
“Nosotros, los Alcohólicos Anónimos,” se lee en el prólogo a la primera edición, “somos más de un centenar de hombres y mujeres que nos hemos recuperado de un estado de mente y cuerpo aparentemente incurable. El propósito principal de este libro es mostrarles a otros alcohólicos precisamente cómo nos hemos recuperado.”
Visto que la Comunidad se veía plagada de repetidos contratiempos, altas expectativas poco razonables y disensiones internas, y siempre sin financiación adecuada, la publicación del libro fue una auténtica maravilla, un milagro, algunos dicen, que para llegar a realizarse dependió de la confluencia de una tormenta perfecta de personas, sitios y cosas.
La historia del texto básico de A.A. —cómo se escribió, se publicó y se promocionó— es muy larga para contar aquí en detalle. Pero, al igual que la Comunidad que representa, es una historia de cómo, tras muchos fracasos, se sembraron las semillas del éxito. Esa historia, narrada por Bill W. en A.A. llega a su mayoría de edad y El lenguaje del corazón , es la de una empresa auténticamente alcohólica: un plan tan loco e improbable que, como dirían algunos, “puede que dé resultados.”
Como Bill nos cuenta en un artículo titulado “La publicación del libro resultó ser una empresa desalentadora,” que se volvió a publicar en El lenguaje del corazón , describiendo el dilema con que la naciente Comunidad se veía enfrentada cuando tenía el libro editado y sin compradores, dice: “¿Qué íbamos a hacer con los otros miles de libros? ¿Qué podíamos decir al impresor, a quien no habíamos pagado ni la mitad? ¿Y este pequeño préstamo de $2,500 y los 49 accionistas que habían invertido $4,500 en Works Publishing ? ¿Como íbamos a comunicarles las terribles noticias? ¿Cómo íbamos a decirles que, ya que no hacíamos publicidad, no podíamos vender los libros? Sí, me temo que esa empresa del libro de A.A. fue muy alcohólica.”
El deseo de escribir y publicar un libro que tratara de su propia experiencia de la aventura de lograr la sobriedad y mantenerse sobrios se originó en un momento en que Bill y el Dr. Bob se dieron cuenta de que para poder pasar el mensaje intacto y sin tergiversación a otros incontables alcohólicos que estaban buscando ayuda de algún tipo, les era necesario codificar lo que ellos y los demás pioneros habían hecho y explicar el programa en términos claros y exactos.
En una charla que dio en Fort Worth, Texas, en junio de 1954, Bill W. habló de cómo había sucedido todo eso: “Una tarde de finales de otoño de 1937, Smithy (el Dr. Bob) y yo estábamos sentados hablando en su salón de estar.”
Para ese entonces los grupos de Akron y Nueva York ya estaban bien establecidos, “y la cosa se había extendido un poco hasta Cleveland y al sur de la ciudad de Nueva York. Pero todavía estábamos andando a ciegas: era como una vela parpadeante que en cualquier momento podría ser apagada.
Nos pusimos a contar cabezas. ¿Cuántos se han podido mantener sobrios en Akron, en Nueva York? Tal vez unos pocos en Cleveland. Y al sumarlos todos, un puñado de miembros — éramos 35 ó 40 como máximo. Pero después de haber visto a un número suficiente de alcohólicos verdaderamente desesperanzados pasar suficiente tiempo sobrio, Bob y yo pudimos prever por primera vez que esa cosa iba a tener éxito “Nunca olvidaré la euforia y el júbilo que nos sobrecogió a ambos. Se había tardado tres años en procurar que un puñado lograra la sobriedad y habíamos visto muchos fracasos. ¿Cómo podríamos este puñado de alcohólicos llevar nuestro mensaje a todos los que todavía no sabían de nosotros? No todos los borrachos del mundo pasan por Akron o Nueva York. ¿Cómo podríamos comunicarles a ellos nuestro mensaje?” Los dos amigos se pusieron a considerar las posibilidades. Bill, siempre un hombre emprendedor, tenía grandes ideas. Quería crear una cadena de hospitales para ayudar a miles de borrachos a lograr la sobriedad y mandar a misioneros a hacer correr la voz.
“Y tendríamos que contar con literatura de algún tipo.
Hasta ese punto, no teníamos ni una sílaba escrita de este programa. Era una transmisión de palabra, con variaciones según lo entendiera cada cual…
“¿Cómo podríamos unificarlo? ¿Podríamos describir según nuestra experiencia ciertos métodos que nos habían dado los resultados deseados? Claro que este movimiento, si iba a propagarse, tendría que contar con literatura para que su mensaje no fuera tergiversado, ni por el borracho ni por el público en general.”
El primer paso de ese plan fue, por supuesto, escribir el libro. No obstante, de acuerdo al clásico estilo alcohólico, Bill empezó la casa por el tejado e inició una serie de planes promocionales intrincados para recaudar fondos para financiar el vasto imperio de recuperación que él tenía concebido. Una vez obtenida la financiación, se publicaría el libro y los pioneros podrían ponerse cómodos mientras el dinero entraba a caudales.
“Estas consideraciones nos condujeron directamente a una típica fantasía alcohólica,” Bill escribió en 1947. “¿Por qué no publicar el libro nosotros mismos? Aunque casi todos los que sabían algo de publicaciones nos habían dicho que muy rara vez los aficionados publicaban algo que tuviera éxito, no nos sentíamos descorazonados. Esta vez, dijimos, será diferente.”
Tras convencer a varios amigos pioneros de comprar acciones en la “rápidamente organizada” Works Publishing Company, la compañía creada para recibir los incontables millones dólares que Bill y su amigo Henry P., otro promotor alcohólico, creían que les iban a llegar. “Nuestra confianza debía de haber sido ilimitada. No sólo estábamos vendiendo acciones de un libro para curar a los borrachos—el libro ni siquiera se había escrito. Asombrosamente, conseguimos vender todas las acciones, por un total de $4,500, a los alcohólicos de Nueva York y de Nueva Jersey y a sus amigos. De los 49 originales accionistas. ninguno invirtió más de 300 dólares. Casi todos lo pagaron en mensualidades, por estar tan escasos de dinero como para hacerlo de otra forma…”
En mayo de 1938 cuando por fin Bill comenzó a trabajar en el libro, él llevaba sobrio unos tres años y medio. El Dr. Bob llevaba sobrio un poco menos de tres años y los otros 100 miembros que contribuyeron de una u otra manera a la redacción llevaban sobrios desde un par de meses hasta un par de años.

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